jueves, 9 de octubre de 2014

el octavo día

Bicicleta

Lanzarse barranca abajo
el ruido del viento en los oídos
en el pelo
en el corazón latiendo a mil
porque de eso se trata:
tener un corazón latiendo a mil.

Divertimento

Como una chica joven que sale
baila y canta 
así mi corazón


Carina Trilnick

miércoles, 8 de octubre de 2014

Divergencias

Una palabra cualquiera
no es una palabra cualquiera,
no se parece al cuerpo que la dijo,
no tiene manos, ni pies, ni amora
como un mortal. Lo que nombra
tiene mares que llevan lejos.
A su casa todos pueden entrar
y su tiempo no cesa
en cada boca. Espera
viajes por el agua oscura que 
lleva tu nombre.

Juan Gelman

martes, 7 de octubre de 2014

La ilusión

Cuando es temprano en la mañana
y el juego de las sombras apacigua
misterioso los fondos de la casa,
cuando la brisa no inquieta sino
que parece respiración viviente
entre las hojas, cuando el verde emerge
de su cauce oscuro y navega
hacia el verde inocente de la luz,
cuando todo despierta y después
se aquieta engarzado al silencio
temprano del día y suave y monocorde
grazna a lo lejos una gallineta,
cuando se hace por un momento el raro
equilibrio, frontera de la noche
ganada por el alba y es sereno,
es promesa, cuando nada esperamos
y cada segundo pesa en su bella 
intensidad, pudiéramos ser felices.


DIANA BELLESSI

lunes, 6 de octubre de 2014

Desde las nueve

Las doce y media. Qué rápido pasó el tiempo
desde las nueve en que encendí la lámpara,
y me senté aquí. Sentado sin leer,
sin hablar. Con quién hablar,
yo solo en esta casa.

La imagen de mi joven cuerpo,
desde las nueve en que encendí la lámpara,
apareció y me encontró y me recordó
habitaciones cerradas, perfumadas,
y placeres antiguos —¡qué placer audaz!
También trajo a mis ojos,
calles ahora irreconocibles,
lugares plenos de vida que ya no están,
y teatros y cafés que alguna vez existieron.

La imagen de mi joven cuerpo
apareció y me trajo tristezas;
lutos familiares, separaciones,
sentimientos de parientes, sentimientos
tan poco apreciados de los muertos.

Las doce y media. Cómo pasó el tiempo.
Las doce y media. Cómo pasaron los años.

1918

Konstantinos Kavafis
















viernes, 3 de octubre de 2014

mai tumi noon

esmeradas letritas
se lleva el viento en la ventana
me cercan en jeroglífico
las espontáneas no quieren cuerpo
siento el zoom

me dejan despierta
y su belleza
no está en la hoja

De Rebenque en flor, Ediciones del Citrino, 2011.

Ana Iniesta

miércoles, 1 de octubre de 2014

Una nadadora cruza las 103 millas

Una nadadora cruza las 103 millas
entre Cuba y Cayo Hueso,
sobre el atardecer encendido del mar Caribe;

desde un kajak alejan
a su alrededor los tiburones
con un aparato que emite ondas;

usa unas antiparras que permiten
la visión nocturna y a eso se limita
el despliegue tecnológico.

Cuando hunde la cabeza al nadar sucede
lo que importa: el ser frente al obstáculo elegido
para probar que es.

Se llama Diana Nyad
y ya cruzó
desde Bahamas, batió récords.

Tiene 61 años y no se detiene
mas que para beber unos minutos
en el apuro de esa inmensidad.

Cuando nada parece no haber llorado nunca,
cuando nada parece que la melancolía no le
                                                               /hubiese roto
los deseos nunca.

Cuando nada la fuerza
no es solo atributo
de los dioses.

Pero la marea en contra la obliga a desvíos hirientes
mientras el agua brilla
como una autopista interminable en la lluvia,

como una hoja de filodendro agigantado por la
                                                                              /lluvia
y el fracaso ahueca el aire
como un graznido.

Si abandona, la meta permanecerá, invisible
en la mañana después del cansancio,
en la noche anterior de la necesidad;

cuando crece la necesidad no hay sal, ni sed, ni sol
enceguecedor que melle
la voluntad de ir.

Pero ella nada ahora. Es dura, entrenó, bracea,
no se desgastó en lo inútil;
tiene 61 años y toda una vida de nadadora.



Alicia Genovese













De su libro, Aguas, Ediciones del Dock (2013).

lunes, 22 de septiembre de 2014

JULIO

Desde que me quitaste
tu cuerpo,
sin saber qué quitabas,
hay más tiempo
en el cielo
y una mancha de sangre
en el cabo
de mi hacha.

Hacho pisando hojas,
me desnudan y bañan
en un patio de estancia.

La vida es una larga
pileta con violetas,
una pileta en forma
de cruz
que se cubría
y que cubría el campo
de violetas.

Ya no grito tu nombre
cuando sueño
que he perdido las botas
o que muero.
Ahora las busco solo
por el suelo
como cuando buscaba
gateando mis soldados.

Y cuando sueño que te vas
no grito
pero salgo a buscarte
y llego tarde
y me enferma tu tiempo.
En el sueño es verano; 
la mañana es de invierno.


Héctor Viel Temperley

jueves, 18 de septiembre de 2014

De todos los objetos

De todos los objetos, los que más amo
son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por-muchas manos. Éstas son las formas
que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas,
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba, me parecen
objetos felices.

Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando sus
formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.

Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar,
grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso. Todas estas cosas me hacen feliz.

Bertolt Brecht

lunes, 15 de septiembre de 2014

El ascensor de hiedra

Dicen los insectos sensatos y sensibles
que las paredes y los grandes
muros son apenas un hálito vehemente
conjurando la nada, el infinito.
Por esos ladrillos del no ser
ascienden, como habitáculos
de furia, los cuerpos corrompidos
de las palabras. ¿Quién me impuso,
rasgando mi inocencia animal
en el sillar de mi hondura biológica,
esta ascensión conjetural?
Sólo lo vacuo que adviene
de lo alto, que adviene y obstina
(huracán espiralante)
la masa de los bienes creados,
la caída en la plenitud
de lo oscuro, llamada, 
a veces, vida.

Aldo Oliva

sábado, 6 de septiembre de 2014

Las cosechadoras de flores

En el campo, bajo el sol de la mañana, con sus
sombreros puestos las mujeres cosechan.
Delicadeza de orfebre es la que tienen cuando le
roban sus flores a la tierra.
Paula Jíménez España
Ediciones la mariposa y la iguana


Beatriz Vignoli: Tálamo, premio nacional de poesía

Poema escrito en camino acá Hoteles modernos con nombres vagamente italianos o algo portugueses, era como sonaban antes de nosotros el mundo...