miércoles, 17 de julio de 2019

Un poeta griego huye de Londres - Jorge Aulicino


Un formalista ruso lee a Rubén Darío

               Cuando quiero llorar no lloro

He visto cómo del marco nacen reflejos que hieren
el sentido final;
he visto cómo la estructura llamada básica
se convierte en el contenido de la forma;
cómo la ventana es el todo y la nada;
el flanco de una mujer, el absoluto.
Sobre mi mente volaron a menudo el ying y el yang
interrelacionados en conflicto, alejándose
de sí mismos como cuervos oscuros
acercándose silenciosos como anémonas.
En el fondo del acuario el pez muerto
me produce una piedad que me hace sentir falso
y desata mi llanto, aunque no quiera y me repito:
“no es por el pez que lloro,
no es por él, no es por
el pez”.
Y no sé por qué lloro.

De Un poeta griego huye de Londres, Jorge Aulicino, Griselda García editora, 2019.



lunes, 15 de julio de 2019

La misma noche de Mariana Vacs, por Diana Bellessi.


En este libro audaz y punzante que ha escrito Mariana Vacs, brillan algunos poemas como luces salvajes en la noche: “los libros que enterramos / en la oscuridad de la patria. / No queríamos perderlos / y se convirtieron en abono. // El suelo argentino sabe más de lo que dice”. Poemas de extrema transparencia y simpleza donde vuela alto la ironía y reluce un elemento sustancial: estos poemas piensan y no tratan de ocultarlo. Piensan en la brevedad de la forma poética (como en Saludar al cielo, Reencuentros o Mi madre y el río) y en la extensión desplegada (como en Bulgaria, 1947, Oclusión, o Trampas de la verdad). Pensamiento que se detiene un instante e ilumina lo real antes de volverse retórica: rareza de la poesía. Y es lo que me emociona en este libro de Mariana Vacs. Vaya como ejemplo un pequeño y hermoso poema: “Cárceles // ¿Tienen pared los océanos? / La orca se pregunta encerrada / en un acuario. // El vidrio es una cárcel transparente / donde no hay más allá. // Dentro o fuera. No hay diferencias. / La pregunta solo intensifica / el precio del saber”.
Esto que se pregunta la orca es lo mismo que Mariana Vacs se pregunta en este libro. “La oí croar”, dice, (…) “Tal vez esta rana está esperando su oportunidad”. O en otro poema: “Las sirenas quieren retener mi camino, son tentadoras, pero yo soy sorda (…) el canto de las sirenas, no me impide llegar (…) a Ítaca”. Hablar con lo mínimo y sostener sin embargo el pensamiento, casi fuera del logos y por ende del lenguaje parece ser la señal que nos envía.
Diana Bellessi (texto contratapa La misma noche de Mariana Vacs).




martes, 26 de marzo de 2019

Si voy, intensa - Gabby De Cicco


“La poesía no es lujo” Audre Lorde.

Si voy, intensa,
en mí encuentro
una primera mujer,
despedazada.

Así me vi desaparecer
en la tela que me devoraba.
De pie, tambaleante, intenté
descifrar las señales de ruta:
no estaban en mi lengua.

Dije luz y no fue la luz.
Dije vida y algo, se secó.

Pensé, entonces, en pensarme,
y algo como un dibujo
comenzó a plasmarse.

Una primera
persona singular: carne
y huesos.

Supe que debía ser otra
la lengua: la constitución
posible de mi cuerpo;
los nombres que finalmente
me integraran al nuevo orden.


Queerland, Gabriela De Cicco, Argentina.





OPUS MAGNUM - María Cristina Santiago


“Debemos estar inmóviles y sin embargo movernos” T.S.E.


Ya que no tengo una Magnum 44
decido leer a Eliot.

Me aburro en esa complacencia
y del “inmóvil
punto que gira”.

La quietud merece ser
la parte enferma de una posesión.
Elijo el infierno. He pasado la noche
casi monja.
La “Consolata” asfixia, señora Lázaro.
Soy más vieja que un diapasón
en la boca del estómago.
Bueno, llevamos la ventaja
de cortar el tiempo.
La muerte se asoma por la manga
de una casa que no tiene portal
y corre hacia mi garganta.

Quiero hacerlo de nuevo.
Me pedís que te lea:
“la primera vez que sucedió
tenía diez años”
Ahora hay más hielo en la piel
y en la mano fruición, luz que desciende
directamente al carro de la basura.

Desde la ventana de un primer piso
voy arrojando junto con mis dientes
trajecitos usados por mis hijos
y dieciocho pares de zapatos.

Me he cambiado de cuarto.
Cuerpo que se divide ya no duerme
debajo de su padre.
Lo siniestro aguarda frente al espejo.
Entre el borde y la otra costa
donde aguaviva el hombre equivocado
vela, me desvelo. A la hora de la madurez
no hay flor más súbita que la sorpresa
de despertarse nadie.
He descansado veinte años
¿Cómo renunciar a lo digno de confianza?
Los niños se bañaron en el mar, vestidos
y del verano recuerdo sólo
el último verano. Una calle
que seguro no es Ámsterdam
donde se traficaba vino blanco.
No por la eternidad estoy bebiendo.
Ah, precio, el deseo victoriano
en la más larga
noche de la estación más larga.
En mi cabeza sin corona
demorado el temblor depositó
su delicada baba
de biyouterie.
Afuera hay sol. –No hagás teatro.
Tacho mi boca.
Al margen escena de un funeral
que me he aprendido de memoria.
Por la ventana arrojo
basura, bolsa con palabras.
¿Por qué no el silencio?
Olor a gas resulta muerte sucia,
me asesoro.
O tal vez Magnum valga, punta
de lápiz, bala. Pasa de refilón
y otra vez sangre,
ya ni la mucama, en esta casa
otorga importancia a las paredes.

De mi pasado cuenta sólo
lo que escribo. ¿Lo intentaré otra vez?
En una bolsa negra,
el cuerpo en equilibrio, Lázaro.

María Cristina Santiago, Buenos Aires, Argentina.






lunes, 25 de marzo de 2019

No esperes que me anuncie - Marta Cwielong

el cazador no puede
ni con el pensamiento
alcanzarme
hacerme el amor

***

llueve sobre los párpados
cuando el amor se termina

***

no esperes que me anuncie
como mariposa me posaré en tu vida


Marta Cwielong. Buenos Aires, Argentina.

Cuerpos antes del olvido - Yirama Castaño Güiza

El sueño de la otra
III

Creí saberlo todo
cuando me miré a los ojos
por primera vez.
Detrás de mí
estaba la marioneta.
Aquella que aguantaba con sus dientes
los hilos de mis brazos.
Aquella que empujaba con su lengua
mi cabeza hacia atrás
y hacia adelante.
Aquella que dirigía mis pasos
con sus manos,
empujando las caderas con un dedo.
La que pegaba su torso a mi espalda
para hacerme mover.
En fin, la igual a mí, la otra,
la que permanecía entre las sombras
mientras doblaba mis rodillas
con sus pies
hasta hincarme.

En los labios de la noche

Hay algo ahí
en los labios de la noche
en la estela de sus horas
en lo profundo de su cráter
que me llama

Hay algo que se acerca
en la larga espera,
una luz a la deriva
aparece en la montaña

Hay algo ahí que no veo
un poema
un soplido
una hebra de vida
una pestaña.

Yirama Castaño Güiza, nació en Socorro, Santander, Colombia. Poeta, Periodista y Editora.


lunes, 21 de enero de 2019

Mar de Chukotka

Camina la materia
antes que la energía en cada uno.
Una especie de estado intermedio
entre lo sólido y el gas.
Lo estrictamente humano es un vacío
en donde atruena el río.
Un río de montaña que será río de llanura.
Y será silencioso, inmanente, casi imposible. Y no mar.

Jorge Aulicino, Mar de Chukotka, Ediciones del Dock, 2018.