Ella se va con los ojos llenos de lágrimas
por la avenida del juicio y el desprecio.
Sin mirar atrás, su sombra se pierde
hasta olvidar su propio nombre.
La noche pesa tanto que los párpados
reclaman indulgencia.
No hay nada que pensar, sólo afrontar el peso
de no pactar con los demonios y animarse,
con el último aliento, a levantar el vuelo.
Un verso puede ser el mejor mantra/ que repetís como una plegaria/ cuando la poesía pasa.
domingo, 26 de mayo de 2013
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