miércoles, 30 de noviembre de 2016

Después de un gran dolor, uno se hace formal

Después de un gran dolor, uno se hace formal —
Los Nervios se apoltronan, como Tumbas —
El Corazón ya tieso se pregunta
Si fue Él quien lo pudo soportar,
Si fue Ayer o hace Siglos.

Los Pies, igual a autómatas, recorren —
En el Suelo, en el Aire, en el Vacío —
Un sendero de Bosque
Que ha nacido al descuido,
Resignación de Cuarzo, como piedra —

Es la Hora de Plomo —
Si se la sobrevive, es recordada
Como quien soportó Nieves glaciales —
Frío — al principio — luego Aturdimiento —
Después dejarse ir —


Emily Dickinson (versión Ricardo H. Herrera) en Ínfimas Finuras, Traducciones del Dock.



jueves, 24 de noviembre de 2016

Que sos grande, mi cuñao...

Hace años que les leo a los pibes de los talleres los palmerales de Francisco Madariaga como si les ofreciera una misa en voz alta. Su voz lo era, y la voz que sale cuando leo sus poemas, la voz de sus poemas, amado Madariaga de rojo y negro en los tembladerales de oro que me dejan sin aliento, oh criollo del vino rojo y lento, del anverso de tu propia retórica, criollo del universo que pensabas en castellano y sentías en la lengua honda de tus poemas que se escribieron con el sonido del agua de los esteros y con el gorgoteo de los gauchos a caballo y a cuchillo, y con las mujercitas ‹inditas, criollitas, mulatitas, purificadoras y encantadoras de jinetes y de caballos…› que me dictan las palabras para decir, para decir que fuiste este poeta milagroso, Madariaga, el más correntino, el más argentino y sudamericano y terrestre de entre todos los poetas que conocí.
 Aquel Asaltante veraniego que me subiera a la grupa de un alazán a los dieciséis, y que me mantuviera atenta a sus versos desde entonces paseándome como el gentilhombre que era por los bajos de un rocanrol. Porque acaso, cuando una dice oro en los tembladerales de oro, qué otra cosa siente más que el riff de una guitarra cayendo a las aguas y subiendo al cielo celeste una y otra vez… Qué otra cosa más que la voz ciega y lúcida de la poesía que no quiere nada más que sus versos, ninguna explicación, ningún dar cuenta de nada, Madariaga, como vos querías…
 Con su obra completa en mi computadora, con sus entrevistas enturbiándome el corazón por la lucidez de su pensamiento, como si lo escuchara hablar frente a mí, me siento ante la pantalla a decir el poeta grande que sos, mi cuñao… Te tuve en la mesa de mi casa una vez, y con la segunda botella de tinto empezaste a contarme la belleza de una aparecida por los esteros del Iberá, estabas con tu mujer en mi casa y te vi crecer con esa sombra y esa luz que tenía tu cara, esa hermosura de macho correntino que se fijó para siempre en mí.

 En la adolescencia entraron tus versos y nunca más se fueron, no, fueron creciendo en las olas de la poesía argentina y te colocaron en la cima para mí. Cuando me preguntan por un grande, Madariaga, les digo. Empecé hablando de vos y ahora te hablo a vos, porque un poeta de tu talla nunca muere y siempre se está tomando un mate con una. Mi maestro, aunque sé que no querrías que te nombrara así, mi maestro digo, y que la poesía lo refrende.
Diana Bellessi




martes, 20 de septiembre de 2016

Jolgorio - Mercedes Araujo

Bullicio, jolgorio,
damascos que se pavonean,
olorosas margaritas,
eucaliptos descarados.

La casa a media luz
a media asta las persianas
¿Y tan exuberantes olores?

(fiesta, ebullición, jubileo expansivo)

"Ama de casa indolente"
perezosa y gatuna
(replicadora)
pregunta y huye
de sus (abominables) quehaceres.

¿Es ese un jazmín del viento?


miércoles, 31 de agosto de 2016

Heredarás la tierra - Aldazábal

IV

Ese cactus
que compartimos
hace mucho
se parece a este obelisco
que lastima mis manos
con sus púas
y su espacio robado
al nuestro.

Carlos J. Aldazábal


viernes, 12 de agosto de 2016

Ahora - Griselda García

EL DIQUE

En las últimas vacaciones Papá
construyó un dique en el río.
Le llevó toda la mañana.
Cuando terminó, el sol
había bronceado su espalda.
El agua nos llegaba a los tobillos
nos metíamos en zapatillas
para que los pies no dolieran.

En ese mismo río esparcimos
sus cenizas pocos años después.

Mamá llevó flores y una botella de vino.
No había nadie ese día
solo un hombre acostado en la arena
que al ver la botella gritó de satisfacción.

A Papá le hubiera gustado, pensé

y entrando al agua rompí el dique.



viernes, 5 de agosto de 2016

¿Quién?

¿Quién me despertará si no este río?

Viene desde la infancia
y lleva piedras grandes en lugar de navíos,
ramas sueltas, velámenes rotos
y un camalote para señalar que corre aún.

Un impulso lo ciega,
una columna de humo lo sigue desde la orilla,
dos motas de polen marcan el rumbo.

Quiero asirlo, pero no puedo: es de agua,
recoger la espuma y no alcanzo: se aleja,
respirar su perfume,
pero no es de aquí: resuena en mi cabeza.

Con dedos lisos golpea los postigos
y abre los picaportes:
en su cama de aullidos duerme el tiempo.

Rafael Felipe Oteriño



miércoles, 22 de junio de 2016

Full Time Family Resort Lisandro Olmos - Consuelo Fraga

Full Time Family Resort Lisandro Olmos



Sentí que me volvía indiferente

y que daba lo mismo guarecerse

o dejar que la helada nos congele



vi a mi piel escamarse y a mis dientes

huir, llevándose pasito a paso

la sonrisa que ustedes merecían



lloré por mí –por no tener palabras

ni la fuerza o las ganas de buscarlas–

pobre mujer –pensé– es tan cobarde



de qué puedo escribir, te dije un día,

de los inhóspitos lugares, contestaste,   

donde se encuentra a veces el amor. ​